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martes, 30 de septiembre de 2014

Las viñas de otoño



El otoño sangra sobre las viñas, muda púrpuras sus hojas.
Se envuelven con el sol tibio, confunden sus graves colores, porque el frío brota poco a poco.

  

Se quedarán después desnudas y desvaídas en su esqueleto negro. 
Alargarán sus nervios, sus dedos, para asir en el aire fantasmas que no se manchan de barro. 



En el silencio se oye su miedo a no despertar.
Temen que su verde de primavera quede cautivo en los nudos negros de su ropaje de invierno.

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sábado, 21 de junio de 2014

Calor

Producto del sol. Producto del sueño. Indudable producto del tiempo fibroso que expone la blancura y los colores, la carne y la blandura: quiero mojar un beso en tu piel.



Resbalo, caigo por el pálido tobogán como entre las formas excitantes de las palabras escritas, rejas en las que se enreda la melena negra en la que flota la flor.

Busco un hueco entre los sonidos, adorables puñales, busco el hueco en el agua, y aparece de pronto el silencio. Ahora tengo que andar en él como entre la maleza.







viernes, 24 de enero de 2014

El viejo



Un viejo, más tortuga que hombre, pasea despacio entre los bancos del andén. De los viajeros busca cualquier cosa, una limosna no de dinero que le llene el tiempo. Es un árbol sin raíces, un lapicero sin mina; ya no ama.

En otra época su cuerpo estuvo poblado de guindas. Bocados rojos de amor le rodaron por las venas en un atardecer de otoño. Con sus ojos retó a la estrella más cercana, y a menudo la noche le cubrió de rocío.

Hoy es transparente: se le han apagado las luces en un derroche de negro. El silencio le ahueca, en su alma no quedan más que jirones de lana entumecida. Los demás solo perciben a su paso un aire turbio, apenas soplo.



 
“Todos poseen un límite: cada
Uno tiene un matiz de daño muy distinto…”

Del poema “Asilo de ancianos”, de W.H. Auden