miércoles, 16 de octubre de 2013

En el tren



A través de la ventanilla del tren veo pasar, con prisa, siluetas recortadas sobre el cielo. A veces se agitan aspas, otras se deslizan los castillos; los viñedos son alfombras que no piso.



Parece que no estoy y sin embargo me reparto en cada kilómetro.


Me asemejo a la tiza que escribe un teorema en la pizarra (no sé si demostrable). Mis trazos, casi infinitos, se borran casi al punto de haberlos dibujado.




miércoles, 2 de octubre de 2013

La tórtola y el ciprés


Mi padre me mostró una tórtola posada en la cima de un ciprés.


El árbol escribía en el cielo palabras transparentes con su punta de pincel. Sobre esa llama verde se posó una tórtola; su menudo cuerpo comenzó a balancearse en tan grandioso columpio. Un collar negro enmarcaba su inquieta cabeza y presentaba orgullosa el mirar de sus ojos, alfileres de azabache. Se dejaba llevar, como si fuera sencillo estar tan alto, y tan sola.


Lo que ahora veo son globos perdidos, y nuestro aliento antes de que se disuelva en la noche.




lunes, 23 de septiembre de 2013

Breve




Marcos, fotos, ventanas.
 Agujeros. 
Túneles por los que vaga la vista.


En cada uno, un sueño.

Del otro lado, los ojos.


lunes, 16 de septiembre de 2013

Muchacha en la ventana, 1925. Dalí

Una mujer joven mira el mar. Marco sobre marco, yo lo hago a través de ella. Tiene la piel morena, y apoya los pies como en un baile sobre la gastada madera.

Puede saborearse el salitre. La brisa parece sentirse en el pelo.

Al fondo, frente a la cala, un velero es el centro del cuadro. Es la tela blanca de los sueños.

Marco sobre marco yo, detrás de esta mujer, nunca podré sorprenderla. Aunque sople sobre su cuello, no seré más que el ligero roce del viento atrapado en el óleo, no moveré la sencilla cortina, apartada por la rutina.

Hay un paño blanco sobre el quicio, a su izquierda. Así se deja el tiempo para mirar con el alma. No sé cómo son los ojos de esta mujer, yo creo que son la propia ventana.



lunes, 2 de septiembre de 2013

Sin a


Sólo tengo dos tipos de brillos en el pelo: los de luz de nieve y los de los dibujos de colores; tú tienes cientos de niños en los ojos. 

Te siento estremecer desde todos los edificios. 

Tu soplo me envuelve, sol en invierno. 

Entiendo tus secretos juegos y tu nombre; quiero nuestros muchos meses conocidos y el peso del nuevo comienzo se quiere diluir como el olor de flores en el cielo.

                  a a a a a a a 




lunes, 26 de agosto de 2013

Orión

Me traes la magia de un sueño antiguo.
Me levantas tus pestañas

                              justo hasta la altura

donde yo tengo puesto lo esperado.
           ... Por eso hoy te convierto en intangible
y  no te escindo de mí,
como no puede hacerlo Orión
con sus estrellas.


miércoles, 7 de agosto de 2013

Calor

Calor.  Fiebre húmeda que avanza igual que el agua en el fondo del mar. El ventilador remueve esta atmósfera gelatinosa y con ella compone oleadas sobre la superficie blanda de tu cuerpo. El abanico de aire desplaza tu sudor como lo hace la arena en la duna. Quisiera observar la cristalina gota que asciende imperceptible por tus muslos hasta desaparecer fundida en otra para mantener tu piel mojada ante mis ojos.

     En estos instantes tu piel es dorada, es el atardecer en la calurosa y lejana llanura. La acaricio y crece bajo mi mano la vegetación suave de tu vello erecto en un recorrido cercano a mi aliento. Llueve aire caliente desde el techo. El perezoso ventilador sabe muy bien cómo tratar este asunto y gira perdiendo las aspas en un disco cuyo balanceo resalta la sensualidad de tu espalda, y mi deseo.


La habitación es clara, la luz bate el calor y su espuma se desperdiga del mismo modo que los sueños en un cuento. Afuera está el mar, está la vida, y sin embargo yo, aquí, lo tengo todo. Se abandonan las sábanas, se derriten cama abajo. Con el soplo circular nos llega un olor a mundo, a principio. Así esperamos, con nuestras pieles enlazadas, la caricia del húmedo suspiro cenital.